El Regreso a Casa: Por Qué tus Errores son el Mapa y no el Muro
Hoy, 1 de enero, mientras el mundo se llena de promesas y agendas vacías, muchos de nosotros seguimos arrastrando una pregunta que pesa más que cualquier maleta: ¿Podría haber hecho algo diferente?
Pasamos gran parte de la vida torturándonos con el retrovisor. ¿Elegí bien? ¿Y si hubiera dicho que no? ¿Y si no hubiera cometido aquel error que lo cambió todo? Vivimos bajo la tiranía de creer que un camino sin errores habría sido un camino mejor. Pero la perfección es una línea recta que no lleva a ninguna parte; la vida, en cambio, es una curva que te obliga a aprender a conducir.
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Cerrar Ciclos: Por Qué Tu Vida No Tiene una Papelera de Reciclaje
Fui el necio que creía que cerrar un ciclo era un acto de magia digital.
Pensaba que si bloqueaba a esa persona, borraba las fotos de la galería, quemaba las cartas y eliminaba los chats, el pasado simplemente dejaría de existir. Nos han vendido la idea de que cerrar etapas es como vaciar la papelera de reciclaje de la computadora: un clic y ¡pum!, espacio liberado.
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La Demolición Necesaria: ¿Y si lo que Terminó era lo que te Frenaba?
Fui el necio que lloró sobre las ruinas sin ver que el terreno estaba quedando despejado por primera vez en años.
Solemos ver el final de algo —una relación, un trabajo, un sueño— como un fracaso personal o un castigo divino. Nos aferramos a los pedazos rotos pensando que sin ellos estamos incompletos. Pero este no fue un año más; para muchos de nosotros fue una pelea a puertas cerradas. Un duelo a muerte entre quien éramos y quien necesitábamos ser.
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La Carrera Hacia la Nada: Por Qué Vivir Corriendo es Solo una Forma de Acelerar la Muerte
Fui el pendejo que medía su valor por la cantidad de tareas tachadas en su agenda.
Vivía convencido de que si me detenía, el mundo se acababa o, peor aún, que alguien más "me ganaría". Hemos normalizado tanto la prisa que sentir culpa por descansar se ha vuelto el estándar, como si tener necesidades humanas fuera un error de fabricación.
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El Control de tu Paz: Por Qué Ofenderse Fácilmente te Hace Alguien Manipulable
Fui el pendejo que reaccionaba al primer pinchazo.
Si alguien decía algo que no me gustaba, yo explotaba. Si alguien me criticaba, yo pasaba tres días justificándome. Creía que "defender mi honor" era una señal de carácter fuerte. No me daba cuenta de que, en realidad, era la persona más manipulable del mundo.
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El Villano Necesario: Por Qué Sanar te Convierte en el Traidor de la Familia
Fui el tonto que buscó la bendición de quienes no querían verme volar, sino verme obedecer.
Las familias tradicionales tienen una forma muy curiosa de amar: aman lo condicional. Te lanzan mensajes contradictorios que te vuelven loco: "Sé independiente, pero no demasiado", "Ten tus propias opiniones, pero no te atrevas a cuestionar las nuestras", "Vuela alto, pero quédate lo suficientemente cerca para que podamos jalarte la cuerda si nos incomoda tu altura".
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El Síndrome de los Zapatos Ajenos: Te Has Puesto Tanto en el Lugar de Otros que Ya No Sabes Cuál es el Tuyo
Fui el pendejo que se enorgullecía de ser "super comprensivo".
Si alguien me trataba mal, yo decía: "Ponte en sus zapatos, tuvo un mal día". Si alguien tomaba una decisión estúpida que me afectaba, yo pensaba: "Ponte en sus zapatos, no tuvo las mismas oportunidades".
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Navidad: Menos Luces de Colores y Más Corazones Ligeros
Fui el pendejo que creía que la Navidad era un comercial de televisión. Pensaba que si no estaba rebosante de alegría, con la casa perfecta y el regalo más grande, entonces "lo estaba haciendo mal".
Pero la realidad es que la Navidad llega cada año, pero no todos llegamos iguales.
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La Falsa Santidad: Tu Fe No Se Demuestra en el Altar, se Demuestra en la Mesa de Tu Casa
Fui el pendejo que creía que la "buena conducta" en público compensaba la miseria en privado.
Hay una manía muy peligrosa de querer separar la vida espiritual de la vida relacional. Puedes ir a misa todos los domingos si quieres. Puedes rezarle a Dios cada mañana, cantar fuerte en el coro e incluso predicar con una elocuencia que conmueva a las piedras. Pero si al cerrar la puerta de tu casa, hieres más de lo que bendices, entonces no importa nada de lo que hagas: eso se llama incongruencia.
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