Navidad: Menos Luces de Colores y Más Corazones Ligeros

Fui el pendejo que creía que la Navidad era un comercial de televisión. Pensaba que si no estaba rebosante de alegría, con la casa perfecta y el regalo más grande, entonces "lo estaba haciendo mal".

Pero la realidad es que la Navidad llega cada año, pero no todos llegamos iguales.

Llegamos con lo que tenemos. Algunos llegan con la ilusión intacta, sí. Pero muchos otros llegan con un cansancio que les pesa en los huesos, con heridas que aún duelen al menor contacto o con ausencias que, en estas fechas, se notan más que nunca. El error es creer que la Navidad es una exigencia de felicidad, cuando en realidad es una oportunidad de presencia.

Estar Presente es Mejor que Estar "Bien"

La Navidad no siempre te pide estar bien; te pide estar presente.

Estar presente con tu tristeza si es lo que toca, estar presente con tu cansancio, o estar presente con tu paz. Porque lo verdaderamente importante no son las luces que cuelgan del techo, ni es lo que cabe en un envoltorio de regalo.

Lo que de verdad sostiene la vida cuando las luces se apagan es:

  • Una conversación sincera donde no tienes que fingir que todo es perfecto.

  • Un abrazo que no pregunta, que solo sostiene y dice "aquí estoy".

  • Un perdón que libera, no porque el otro lo merezca, sino porque tú mereces caminar sin ese lastre.

La magia no ocurre en el árbol; ocurre en la paz que nace cuando dejas de exigirte tanto.

El Inventario del Alma: Soltar para Espaciar

Recordando lo que hemos hablado sobre el autoengaño y la responsabilidad, la Navidad es un excelente momento para hacer un inventario emocional. No se trata de qué vas a comprar, sino de qué vas a soltar.

Llegar al final del año es como terminar una mudanza larga. No puedes meter muebles nuevos en una casa llena de basura vieja. Por eso, el mejor regalo que puedes darte es permitir que tu corazón esté más ligero.

Suelta lo que ya cumplió su función: los rencores que ya no tienen sentido, las expectativas de que los demás sean como tú (recordando el artículo anterior), y la culpa por no haber sido "perfecto". Suelta lo que ya pasó para dejar espacio para lo que de verdad merece la pena.

Si hoy te deseo algo, no es una felicidad de plástico que dure lo que dura una cena.

Te deseo una Navidad humana. Que te des permiso de sentir lo que sientes. Que si hay una silla vacía, la honres con un recuerdo amoroso en lugar de con una amargura eterna. Que si hay un conflicto familia, elijas ser el pararrayos que ofrece paz en lugar de la lava que destruye.

Que esta Navidad te deje el corazón más ligero. Que no busques señales afuera, sino que encuentres la claridad adentro. Que te elijas a ti mismo, que te quieras y que entiendas que el mayor milagro no es que todo cambie afuera, sino que tú decidas caminar con menos peso.

Luis Mendez