El Síndrome de los Zapatos Ajenos: Te Has Puesto Tanto en el Lugar de Otros que Ya No Sabes Cuál es el Tuyo

Fui el pendejo que se enorgullecía de ser "super comprensivo".

Si alguien me trataba mal, yo decía: "Ponte en sus zapatos, tuvo un mal día". Si alguien tomaba una decisión estúpida que me afectaba, yo pensaba: "Ponte en sus zapatos, no tuvo las mismas oportunidades".

Me convertí en un experto en justificar lo injustificable bajo la bandera de la empatía. Creía que ser buena persona significaba entender las razones de todo el mundo. Y así, sin darme cuenta, mi armario emocional se llenó de botas, tacones, tenis y sandalias que no eran míos.

Y llegué a la conclusión más triste de todas: Te has puesto tanto en los zapatos de los demás, que ya no sabes cuáles son los tuyos.

La Amnesia de Identidad

El problema de vivir probándote los zapatos ajenos es que empiezas a caminar como ellos, a sentir como ellos y a ir hacia donde ellos van.

  • Caminas con zapatos que te aprietan (soportando dolor que no te corresponde).

  • Caminas con zapatos que te quedan grandes (asumiendo responsabilidades que no puedes manejar).

  • Caminas con zapatos sucios (cargando con la culpa y la vergüenza de otros).

Y mientras haces este peregrinaje por la vida ajena, ocurre la tragedia: Te da amnesia de ti mismo.

Olvidas cuál es tu talla. Olvidas qué tipo de suela necesitas para tu terreno. Olvidas hacia dónde querías ir tú antes de detenerte a cargar a todo el mundo. Terminas con "juanetes emocionales", deformado por moldearte a vidas que no te pertenecen.

La Pregunta Dolorosa: ¿Quién Camina por Ti?

Mientras tú estás ocupado caminando millas en los zapatos de tu pareja, de tus padres o de tus amigos conflictivos... ¿Quién está usando tus zapatos?

La respuesta es: Nadie.

Tus zapatos están ahí, tirados en la entrada, llenándose de polvo. Tu propio camino está abandonado, lleno de maleza, porque el único encargado de recorrerlo está demasiado ocupado tratando de pavimentar la carretera del vecino.

Eso no es nobleza; es abandono. Entender el dolor ajeno es humano; dejar que el dolor ajeno dicte tu dirección es autodestructivo.

Si hoy te doy un consejo inteligente, es porque fui el pendejo que caminó descalzo sobre piedras afiladas para que otros no se ensuciaran los pies.

Es hora de devolver los zapatos.

  1. Quítatelos: Siente el alivio de dejar de justificar el mal comportamiento de otros. "Entiendo por qué lo hiciste, pero eso no significa que tenga que aceptarlo".

  2. Mira tus Pies: Reconecta con lo que TÚ sientes. No lo que el otro siente. ¿Qué te duele a ti? ¿Qué quieres tú?

  3. Ponte los Tuyos: Retoma tu camino. Tus zapatos son tus límites, tus valores y tus deseos. Al principio se sentirán extraños porque llevas mucho tiempo descalzo, pero son los únicos diseñados para llevarte a donde mereces estar.

La empatía es visitar la casa del otro, no mudarse a vivir allí y pagarle el alquiler.

Luis Mendez