La Carrera Hacia la Nada: Por Qué Vivir Corriendo es Solo una Forma de Acelerar la Muerte

Fui el pendejo que medía su valor por la cantidad de tareas tachadas en su agenda.

Vivía convencido de que si me detenía, el mundo se acababa o, peor aún, que alguien más "me ganaría". Hemos normalizado tanto la prisa que sentir culpa por descansar se ha vuelto el estándar, como si tener necesidades humanas fuera un error de fabricación.

Atrapados en esta cultura del hustle, el sistema te susurra al oído todos los días: "Corre, corre más, no pares, porque el otro te está alcanzando". Pero la cruda verdad es que vivir corriendo no es vivir; es simplemente acelerar tu llegada al final.

La Pregunta que Nadie Quiere Responder

En esta persecución frenética, se nos olvida hacernos las preguntas esenciales: ¿Correr hacia dónde? ¿Correr para qué? ¿Y a qué costo?

  • Corremos para comprar cosas que no tenemos tiempo de usar.

  • Corremos para impresionar a gente que está demasiado ocupada corriendo como para fijarse en nosotros.

  • Corremos para huir de los silencios donde habitan nuestras verdades más incómodas.

Lo más doloroso es que muchos no se dan cuenta a tiempo y vuelven la prisa parte de su identidad. Se enorgullecen de estar "ocupados", de no dormir, de no tener vida social. Han convertido el estrés en una medalla de honor, sin ver que esa medalla está hecha del tiempo que nunca recuperarán con sus hijos, con su pareja o con ellos mismos.

El Descanso como Acto Revolucionario

Descansar hoy en día es un acto de rebeldía. Sentarse a ver el atardecer sin sentir que estás "desperdiciando el tiempo" requiere una valentía que pocos tienen.

Nos da pánico el vacío porque en el vacío es donde nos encontramos con nosotros mismos. Preferimos estar agotados físicamente que enfrentarnos al silencio mental. Pero el costo es demasiado alto: estás sacrificando tu salud, tu creatividad y tu capacidad de asombro en el altar de una meta que siempre se mueve un kilómetro más allá.

La vida no ocurre en la meta; ocurre en los pasos. Y si vas corriendo, solo ves manchas borrosas de lo que pudo haber sido tu existencia.

Si hoy te doy un consejo inteligente, es porque fui el tonto que tuvo que quemarse por completo para entender que las brasas no sirven para construir nada duradero.

Detente. No mañana, no en las vacaciones. Ahora.

  1. Mata la Culpa: Entender que el descanso no es un premio por el trabajo hecho, sino un derecho por el simple hecho de estar vivo.

  2. Cuestiona la Competencia: La única carrera real es la que tienes contigo mismo para ser feliz, y en esa carrera, ir más lento a veces es la mejor estrategia.

  3. Vuelve a lo Esencial: Recupera el placer de lo lento. Una comida sin celular, una caminata sin destino, una charla sin prisa.

La muerte llegará igual, corras o camines. La diferencia es que el que camina tiene historias que contar, paisajes grabados en la retina y el alma llena. El que corre solo llega al final más cansado y con las manos vacías.

Luis Mendez