Fuimos criados con una tontería dual: o eres puramente emocional (el corazón manda) o eres puramente lógico (la mente controla). Y así, nos pasamos la vida en una Guerra Civil interna, donde el corazón y la mente se acusan mutuamente del desastre de tu existencia
Leer másSi sientes que el aire se te va, que el pecho te aprieta y que el motor interno nunca se detiene, tengo una verdad brutal: la mayor parte de esa ansiedad no la creó el mundo; la creaste tú con tu autoexigencia.
Nos convencieron de que el camino al valor pasa por ser el agradador profesional. Nos llenamos de expectativas autoimpuestas, no porque queramos un premio, sino porque en el fondo, tememos a la pregunta más dolorosa: "¿Y si no soy lo suficientemente valioso para los demás?"
Leer másSi hay algo en lo que los humanos somos verdaderos artistas, es en la clasificación de la imperfección.
Nos encanta vernos como el pecador "controlado" frente al pecador "caótico". Creemos en la pendejada de que hay errores elegantes y errores vulgares. Yo fui el que creía: “Bueno, yo solo procrastino y me guardo mis sentimientos, eso no es tan grave como el que engaña a su pareja o el que explota de ira.”
Leer másLa vergüenza es el pantano del alma. Es esa tierra fétida, movediza y oscura donde guardamos todo lo que nos hace sentir indignos: nuestros errores más grandes, nuestros secretos más oscuros, y esa voz interna que nos grita que no somos suficientes.
Y si hay algo en lo que somos expertos, es en quedarnos a vivir ah
Leer másSi hay algo en lo que los humanos somos expertos, es en tomar algo sencillo, meterlo en una licuadora mental y sacarlo convertido en un batido espeso de drama, neurosis y mil significados ocultos. Somos especialistas en complicarnos la vida.
Leer másSi te pregunto qué es lo que más te roba energía, probablemente pienses en el trabajo, los hijos o el tráfico. Yo te digo que es algo mucho más simple: las expectativas que pones en la gente que te rodea.
Fuimos criados con una enfermedad silenciosa y agotadora: la Proyección. Es el acto pendejo de vivir esperando que los demás actúen, piensen y reaccionen exactamente como lo harías tú en su lugar.
Leer másLa mayor tontearía que podemos heredar es esta frase: "Cállate la boca y no te metas en problemas."
Esa fue la lección inocente que un padre le dio a su hijo. Ante el bullying en la escuela, la injusticia de una mala nota, la respuesta era siempre la misma: "Aguántatela. Nadie se muere por eso. Evitemos los conflictos."
Leer másDéjenme confesarles algo con la mano en el corazón: durante mucho tiempo, me juzgué por mi propia procrastinación. Creía que era una falla moral, un defecto de carácter, un simple "no quieres lo suficiente". Y me castigué con esa mentira.
Pero esa creencia es la más cruel de las tontearías. La procrastinación nunca es el problema. Es, sin filtros, el síntoma de que hay algo mucho más grande, más pesado, que está ocupando todo el espacio vital en tu alma.
Leer másFuimos criados con la idea pendeja de que sanar es sinónimo de amnesia selectiva. Que para avanzar, tenemos que hacer una excavación emocional, enterrar nuestro pasado (literal y metafóricamente) y luego plantar un césped nuevo y perfecto encima.
Nos dicen: "Desapégate. Olvida el pasado. Borra el dolor para empezar una vida nueva."
Leer másFui el tonto que conducía reaccionando. No el conductor sabio, sino el que iba de pasajero en la vida. El que creía que si alguien me gritaba, yo tenía la obligación emocional de gritar más fuerte. O si alguien me ofendía, tenía que recoger esa ofensa, analizarla, y llevarla cargando todo el día.
Vivimos en un mundo que nos entrena para reaccionar. Nos encanta el drama instantáneo. Y la gran pendejada es que pensamos que recoger el conflicto es un signo de fortaleza o de justicia.
Y entonces, un día, te cruzas con la persona que entendió todo antes que tú.
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