Sacarse los Ojos para Seguir Durmiendo: El Peligro de Evitar el Dolor
Fui el pendejo que creía que la "paz" era la ausencia de conflicto, aunque esa paz fuera una mentira del tamaño de una catedral.
Hoy en día, evitar el dolor a toda costa se ha vuelto una especie de religión. Nos han enseñado que sufrir es un error de gestión, que si algo duele, hay que soltarlo, o mejor aún, adormecerlo. Pero esa evitación sistemática del dolor nos está haciendo un daño mucho más profundo que el dolor mismo.
El escritor Eder Pereda lo describió de una forma brutal: “Desperté, supe que no quería volver a verte nunca más, salí de la cama, bajé a la cocina, tomé una cuchara y me saqué los ojos. Regresé a la cama, te abracé y volví a dormir”. Es la imagen más cruda de la auto-mutilación emocional: prefieres quedar ciego ante la realidad con tal de no sentir el frío de la ausencia.
Las Mentiras que nos Contamos (Los "Pensamientos Estúpidos")
Esta evitación del dolor nos llena de pensamientos estúpidos que usamos como anestesia para soportar lo insoportable.
El ejemplo más común y doloroso: "No me voy a divorciar por el bien de mis hijos". Bajo la bandera de "proteger" a otros, nos provocamos un dolor crónico y lento. Por evitar el estallido de una ruptura (que duele, sí, pero sana), elegimos vivir en un campo de batalla silencioso donde los hijos aprenden que el amor es sacrificio, ceguera y amargura.
Por evitar un dolor agudo y necesario, nos condenamos a una agonía de décadas. Sacamos la cuchara, nos quitamos los ojos y volvemos a abrazar lo que ya nos está matando.
La Trampa de la Anestesia Moderna
Vivimos en la era de la gratificación instantánea y el alivio rápido. Si te duele algo, hay una pastilla, una app, una frase de motivación barata o una distracción digital.
Evitamos la conversación difícil porque "no queremos vibrar bajo".
Evitamos dejar el trabajo que nos drena porque "hay que ser agradecidos".
Evitamos mirar nuestras propias sombras porque es más fácil culpar al destino.
Pero el dolor tiene una función: es la alarma de incendio de tu alma. Si desconectas la alarma para seguir durmiendo, te vas a quemar vivo dentro de la casa. Evitar el dolor no lo elimina, solo lo transforma en resentimiento, en enfermedades somáticas o en una profunda sensación de vacío.
Si hoy te doy un consejo inteligente, es porque fui el pendejo que se quedó ciego por elección, fingiendo que no veía la traición, el desprecio o el desamor con tal de no tener que reconstruir mi vida solo.
Deja de usar la cuchara: Abre los ojos aunque lo que veas te rompa el corazón. Es mejor un corazón roto que una vida desperdiciada en una mentira.
Acepta el dolor como moneda de cambio: La libertad no es gratis; se paga con el dolor de dejar atrás lo que ya no funciona.
Cuestiona tus "razones": Si tu excusa para no moverte implica tu propio sacrificio o el de tu autenticidad, es un pensamiento estúpido. No es por los demás, es por tu miedo a sufrir.
No te saques los ojos. Sal de la cama, deja de abrazar el cadáver de lo que fue y camina hacia la luz, aunque al principio te queme. La verdadera abundancia y la paz real solo están del otro lado del dolor que te niegas a sentir.