La Moneda de la Integridad: Por qué tu palabra es el activo más caro que posees
Durante mucho tiempo, mi palabra fue de papel. Decía "luego te hablo" y no hablaba; decía "el lunes empiezo" y no empezaba; decía "cuenta conmigo" y desaparecía cuando las cosas se ponían feas. Me justificaba pensando que eran "mentiras piadosas" o que, al final, "no era para tanto".
El error es no entender que cada vez que rompes una promesa, no solo decepcionas al otro, te destruyes a ti mismo. El pendejo cree que su palabra es aire, pero la realidad es que tu palabra es el contrato que firmas con tu propia identidad. Si no cumples lo que dices, te conviertes en un desconocido para ti mismo. Pierdes el respeto de los demás, sí, pero lo más grave es que pierdes la confianza en tu propia capacidad de ejecutar.
Tu Palabra es tu Prestigio
En un mundo lleno de gente que promete mucho y hace poco, el ex-pendejo se distingue por una regla de oro: Si dices algo, cúmplelo. No importa si es algo pequeño o algo que cambiará el rumbo de tu empresa.
● Si dijiste que llegarías a las 8:00, llega a las 7:55.
● Si dijiste que guardarías un secreto, llévatelo a la tumba.
● Si dijiste que harías ese favor, hazlo aunque te cueste dinero o sueño.
Cuando cumples tu palabra, generas una fuerza gravitacional. La gente sabe que contigo no hay dudas, no hay "letras chiquitas" ni excusas baratas. Tu palabra se vuelve ley, y eso te da un poder que ningún título universitario o cuenta bancaria te puede dar.
El Peligro de Prometer para "Quedar Bien"
¿Por qué rompemos nuestra palabra? Por pendejos. Por querer agradar en el momento, por no saber decir "no" (recuerda la lección anterior) o por pura flojera. Prometemos para salir del paso, para que no se enojen con nosotros o para sentirnos importantes por cinco minutos.
Pero el costo de quedar bien hoy es quedar como un mentiroso mañana. El ex-pendejo prefiere la incomodidad de un "no puedo prometerte eso" a la vergüenza de un "se me olvidó" o "no pude". No regales tu palabra como si fuera basura; trátala como si fuera oro, porque es lo único que realmente te pertenece.
Yo fui el pendejo que tenía mil planes en la boca y ninguno en los hechos. Hoy entiendo que vales lo que vale tu palabra.
Promete poco, entrega mucho: No te comprometas con nada que no estés 100% seguro de cumplir. Es mejor ser el tipo que "casi nunca promete pero siempre cumple", que el tipo que "siempre promete y casi nunca cumple".
Si no puedes cumplir, da la cara de inmediato: A veces la vida se atraviesa. Si un compromiso se vuelve imposible, no te escondas como un pendejo. Avisa, renegocia y ofrece una solución. La integridad no es ser perfecto, es hacerse cargo de las consecuencias.
Cúmplete a ti mismo primero: La falta de integridad más peligrosa es la que tienes contigo. Si dices que vas a ir al gimnasio o que vas a leer diez páginas, hazlo. Si te mientes a ti mismo, ¿quién diablos te va a creer lo demás?
La meta es que cuando tú digas "yo me encargo", la gente pueda descansar tranquila porque sabe que está hecho. Recupera el valor de tu palabra y recuperarás el respeto del mundo. No hables por hablar; habla para crear realidad.