La Autopsia del Fracaso: Por qué reconocer tus errores es el mayor acto de inteligencia

Durante años, fui un genio de la gimnasia mental. Si algo salía mal, yo tenía un catálogo de culpables listo: la economía, mi jefe, el mal de ojo, mi signo zodiacal o la mala suerte. Creía que admitir un error era una señal de debilidad, una mancha en mi historial que me hacía ver "menos".

​El error no es fallar; el error es ser tan pendejo como para creer que eres infalible. Cuando culpas a algo externo, le entregas el control de tu vida a ese algo. Si el culpable es "el mundo", entonces tú no puedes hacer nada para cambiarlo. Te quedas atrapado en el mismo ciclo, cometiendo la misma pendejada una y otra vez, esperando que el mundo cambie para que a ti te vaya bien.

​Reconocer no es Latigarse, es Analizar

​Aquí es donde muchos se pierden. El pendejo, cuando por fin admite que falló, se hunde en la culpa, se insulta y se castiga. Eso tampoco sirve para nada. Reconocer tus errores no es para que te sientas mal, es para que seas mejor.

​Reconocer significa quitarle la emoción al evento y mirarlo como si fuera un experimento de laboratorio.

●     ​Si el error es tuyo, admítelo rápido: Sin excusas, sin párrafos largos, sin "pero es que...". Un simple "Me equivoqué, fue mi responsabilidad" limpia el aire y te devuelve la autoridad.

●     ​Analiza la causa raíz: ¿Fue por ego? ¿Fue por flojera? ¿Fue por falta de información? Si no sabes por qué la regaste, estás condenado a regarla exactamente igual el próximo mes.

​ El Pecado no es Caer, es Enamorarse de la Piedra

​Equivocarse es de humanos; repetir el mismo error diez veces es de pendejos profesionales. La vida es muy corta para andar cometiendo siempre las mismas faltas; ten la decencia de cometer errores nuevos, más interesantes y más complejos.

Analiza y evita repetirlo. Esa es la verdadera clave. El error es una inversión: pagaste un precio (tiempo, dinero, paz o una relación) para obtener una lección. Si no aprendes la lección y vuelves a cometer el error, estás tirando tu inversión a la basura. Es como pagar una maestría y nunca ir a clases.

​Yo fui el que se tropezaba con la misma piedra y luego le reclamaba a la piedra por estar ahí. Hoy entiendo que ser dueño de mis errores me hace dueño de mis soluciones.

  1. Hazte la pregunta de oro: "¿Qué parte de este desmadre me toca a mí?". Siempre hay una parte. Encuéntrala, acéptala y trabájala.

  2. Crea un sistema de "No-Repetición": No confíes en tu fuerza de voluntad. Si cometiste un error financiero, cambia tu app del banco. Si cometiste un error de comunicación, escribe antes de hablar. Ponle trabas a tu pendejez para que no se manifieste de la misma forma.

  3. Admite el error frente a los demás: No hay nada que desarme más rápido a un crítico que un "Tienes razón, me equivoqué y voy a corregirlo". Cuando eres honesto sobre tus fallas, ya nadie puede usar tus errores contra ti, porque tú ya los pusiste sobre la mesa.

​La meta no es ser perfecto, es ser corregible. El pendejo muere defendiendo su equivocación; el ex-pendejo vive para evolucionar más allá de ella. Si el error es tuyo, disfrútalo como una lección, págalo como un hombre y júrate a ti mismo que no volverás a ser ese tipo de pendejo nunca más.

Luis Mendez