La gente no caduca, pero tu tiempo con ellos sí: La pendejada de no saber decir adiós

Durante años, cargué con "amistades zombie". Esas relaciones que ya no tienen pulso, donde no hay nada de qué hablar y donde el único hilo que nos une es un "te acuerdas de cuando...". Mi pendejada favorita era creer que si dejaba de frecuentar a alguien de mi pasado, era un traidor.

​Pensaba que las relaciones exitosas eran solo las que duraban décadas. Si una amistad de diez años se enfriaba, yo sentía que había fallado, que era una mala persona o que el otro me había fallado a mí. Me obligaba a asistir a reuniones donde me sentía un extraño, solo por el miedo a aceptar lo obvio: nuestras rutas ya no se cruzan.

​No es Traición, es Geografía Emocional

​Tenemos que dejar de ver el fin de una etapa como un acto criminal. Que una amistad o una relación termine no significa necesariamente que hubo una pelea, una mentira o una puñalada por la espalda. A veces, simplemente sucede.

​Tú ya no eres la persona que eras hace cinco años. Tus valores cambiaron, tus prioridades se movieron, tus traumas se sanaron (o cambiaron de forma). Y ellos también cambiaron. Aceptar que la etapa terminó no significa que vas a odiar a la persona. No tienes que convertir a nadie en villano para justificar que ya no quieres estar ahí. Puedes desearle lo mejor a alguien y, al mismo tiempo, no querer compartir un café nunca más. Eso no es odio, es coherencia.

​El Peligro de las Relaciones "Por Costumbre"

​Hay relaciones que sigues sosteniendo hoy por pura inercia o miedo al vacío. Es como guardar ropa que ya no te queda con la esperanza de que algún día volverás a ser ese niño de primaria.

​Sostener algo que ya murió te quita energía y, lo más grave, te quita espacio. Mientras estás ocupado tratando de revivir un vínculo que ya dio lo que tenía que dar, no le estás dando lugar a las relaciones nuevas que sí vibran con quien eres hoy. Estás tan lleno de "fantasmas del pasado" que no tienes sillas vacías para los invitados del presente.

​Si hoy te comparto esto, es porque yo fui el pendejo que se sintió culpable por crecer en una dirección diferente a la de sus amigos.

  1. Honra la Etapa, no el Cadáver: Agradece lo que esa persona te dio en el momento que lo necesitabas. Fueron el compañero de ruta perfecto para ese tramo, pero no todos los pasajeros llegan hasta la última estación.

  2. Suelta el Título de Traidor: No le debes tu presente a nadie solo por el tiempo que compartieron en el pasado. La verdadera lealtad es ser honesto contigo mismo y con los demás. Fingir que te importa es la mayor falta de respeto.

  3. Haz Espacio para lo Nuevo: Las relaciones nuevas necesitan tierra fértil para florecer. Deja de regar plástico y empieza a ver quién está a tu lado hoy, queriendo caminar a tu ritmo actual.

​La gente no es leche, no se echa a perder. Pero las etapas son como las estaciones: tienen su tiempo de cosecha y su tiempo de helada. Aprender a soltar sin odio es el mayor signo de que finalmente has dejado de ser un pendejo emocional.

Luis Mendez