La Tiranía del "Sí" por Compromiso: El arte de decir NO y recuperar tu vida

Durante años, mi mayor miedo no fue el fracaso, sino el rechazo. Por eso, me convertí en un "Sí, claro" automático. Decía que sí a favores que no quería hacer, a reuniones a las que no quería ir y a compromisos que me robaban el tiempo que no tenía. Pensaba que decir que sí me hacía una "buena persona", servicial y amigable.

​El error es no darte cuenta de que cada vez que dices un "sí" por compromiso, te estás diciendo un "no" a ti mismo. El pendejo termina viviendo una vida diseñada por los deseos de los demás, sintiéndose resentido, agotado y, lo peor de todo, falso. Porque un "sí" que nace del miedo a decir "no" es, en esencia, una mentira.

​El Precio de la Complacencia

​¿Por qué nos cuesta tanto decir NO? Porque somos pendejos que confunden la amabilidad con la falta de límites. Tenemos miedo de que si decimos que no, la gente deje de querernos, nos juzgue de egoístas o se aleje.

​Pero mira el costo:

●     ​Pierdes tu tiempo: El único recurso que no vuelve, lo regalas para que otros no se incomoden.

●     ​Pierdes tu palabra: Cuando dices que sí a todo, tu "sí" deja de tener valor. La gente sabe que te puede presionar y cederás.

●     ​Cosechas resentimiento: Terminas ayudando a alguien mientras por dentro lo maldices. Eso no es bondad, es hipocresía.

​Decir NO es un Superpoder

​Aprendamos a decir No cuando es No. No es necesario inventar una tragedia, una enfermedad o una excusa elaborada (recuerda que mientras más grande es la explicación, más grande es la mentira).

​Un "no" seco, pero amable, es una señal de salud mental. Le dice al mundo: "Tengo una frontera, tengo prioridades y soy el dueño de mi tiempo". Lo curioso es que, cuando empiezas a decir que no, la gente que realmente vale la pena te respeta más. Solo los que querían aprovecharse de ti se enojan; y a esos, es mejor tenerlos lejos de todos modos.

​Yo fui el que llegó a eventos sintiéndose miserable solo por no saber decir que no quería ir. Hoy entiendo que mi tiempo es sagrado y mi paz no es negociable.

  1. Elimina la culpa del vocabulario: No eres una mala persona por tener límites. Eres una persona con criterio. Decir "no puedo" o "no quiero" no requiere una disculpa eterna.

  2. No compres tiempo con excusas: El pendejo dice "déjame ver" para posponer el "no". El ex-pendejo dice "no" de entrada para no hacerle perder el tiempo al otro ni desgastarse él mismo.

  3. Practica el "No" sin adornos: Intenta decir: "Gracias por invitarme, pero no voy a poder asistir". Punto. Sin el "es que fíjate que...". Si el otro se ofende, el problema es su derecho a la propiedad sobre ti, no tu falta de cortesía.

​La meta no es volverse un ermitaño huraño, sino alguien que solo dice "sí" cuando su corazón y su agenda están de acuerdo. Tu "sí" solo tendrá valor el día que el mundo sepa que eres capaz de sostener un "no". Recupera tus límites y recuperarás tu libertad.

Luis Mendez