El deseo de una vida plena sin el trabajo de la incomodidad
Todos queremos una vida abundante y plena. Soñamos con relaciones profundas, una carrera satisfactoria, paz interior y una conexión genuina con nosotros mismos. Pero, ¿qué sucede cuando nos damos cuenta de que el camino hacia esa vida no es un atajo fácil, sino un sendero lleno de incomodidad?
Queremos la lista rápida de "cómo ser feliz" sin tener que lidiar con la vergüenza, la soledad, el miedo o el fracaso. Nos encanta la idea del resultado, pero queremos evitar el proceso. Y así, nos convertimos en maestros de la evasión. Saltamos los momentos difíciles, posponemos las conversaciones incómodas y evitamos confrontar aquello que nos duele. Pero no funciona. No cambiamos, no crecemos y no avanzamos si no nos atrevemos a enfrentar lo que nos incomoda.
Hace unos meses, me reuní con un presentador. Me comentaba lo frustrado, herido y cansado que se sentía de vivir una vida tan "golpeada", y me hablaba de los sueños y metas que deseaba alcanzar. Hablaba de sus anhelos con una pasión palpable, pero cuando le mencionaba los pasos que tenía que dar para llegar a ellos, se detenía. La razón era siempre la misma: "No me siento preparado". En realidad, lo que no quería era sentir la incomodidad del proceso.
Su situación es tan común como la de aquellos que desean un cuerpo atlético sin el trabajo de ir al gimnasio, de sudar, de sentir los músculos arder y de transformar su alimentación. Quieren el resultado sin el esfuerzo.
El cielo no escatima en alarmas
Sin darnos cuenta, estamos aquí para vivir a plenitud, y el universo, o como quieras llamarlo, no escatima en alarmas para despertarnos. Esos momentos de frustración, de ansiedad, de estancamiento, no son castigos; son oportunidades para que nos detengamos, miremos hacia adentro y hagamos el trabajo que hemos estado posponiendo.
Somos nosotros quienes, una y otra vez, posponemos esos procesos para resolverlos "más adelante". ¿Por qué? Porque el trabajo que tenemos que hacer es complicado, desagradable y, a menudo, muy profundo. Implica mirar nuestra vergüenza, nuestras inseguridades y los patrones que nos han mantenido en el mismo lugar.
Si de verdad queremos vivir una vida plena, profunda y significativa, no hay otra opción: tenemos que trabajar en todo aquello en nuestro interior que se interpone en ese camino.
El proceso es difícil, sí. Pero la recompensa es incomparable. La libertad de vivir sin ataduras emocionales, la paz de ser auténticos y la alegría de construir una vida que no solo parece buena por fuera, sino que se siente plena por dentro.
El primer paso es dejar de huir de lo que te incomoda. El segundo es aceptar que el trabajo es parte del viaje. Y el tercero es empezar hoy, sin esperar a "sentirte preparado".