La Trampa del Exceso: Por qué mientras más larga es tu explicación, más grande es tu mentira
Durante años, fui el rey de los párrafos interminables. Si llegaba tarde, si no cumplía una promesa o si tomaba una decisión que sabía que a otros no les gustaría, soltaba una avalancha de razones, excusas y contextos innecesarios. Creía que si hablaba lo suficiente, podría marear a la otra persona (y a mí mismo) hasta que la falta original quedara sepultada bajo un montón de palabras.
El error es creer que dar muchas explicaciones te hace ver responsable o educado. La realidad es que el exceso de justificación es el olor que desprende la culpa o la falta de integridad. El pendejo intenta convencer; el ex-pendejo simplemente expone.
El Peso de la Verdad es Ligero
La verdad tiene una característica física: es sólida y compacta. No necesita adornos.
● "No voy a ir". (Verdad sólida).
● "No puedo ir porque fíjate que se me complicó la tarde y luego el tráfico se puso fatal y además mi tía se sintió mal y tuve que..." (Mentira o inseguridad disfrazada).
Cuando alguien tiene la conciencia tranquila y el criterio firme, no necesita dar un discurso de treinta minutos para respaldar su "no" o su "sí". Mientras más grande es la explicación, más grande es la mentira (o el miedo que estás tratando de ocultar). Si necesitas quinientas palabras para explicar por qué no hiciste lo que dijiste que harías, no estás informando, estás fabricando una narrativa para no sentirte el "malo" del cuento.
El Explicador Serial busca Permiso, no Entendimiento
¿Por qué nos explicamos tanto? Porque en el fondo seguimos siendo pendejos buscando la validación de los demás. Explicamos de más porque tenemos miedo de que el otro se enoje, porque no soportamos que piensen mal de nosotros o porque no confiamos en nuestra propia autoridad.
Cada vez que das una explicación que nadie te pidió, estás entregando un pedazo de tu poder. Le estás diciendo al otro: "Aquí tienes los planos de mi decisión para que los revises y me des permiso de sentirme bien conmigo mismo". La gente que te quiere no necesita tantas explicaciones, y la gente que te quiere joder no te las va a creer de todos modos.
Yo fui el que mandaba mensajes de audio de cinco minutos para pedir una disculpa. Hoy entiendo que la brevedad es el lenguaje de la honestidad.
Aplica la Regla del Punto Final: Aprende a decir "No puedo", "No quiero" o "Me equivoqué" y pon un punto final ahí. No añadidas el "porque...". Observa la incomodidad que te genera el silencio y aguántala; ese es el precio de tu libertad.
Distingue entre Información y Justificación: Es válido informar sobre un cambio de planes. No es válido intentar convencer al otro de que tu cambio de planes es "justo". Tus decisiones no necesitan ser justificadas para ser válidas.
Tu Palabra debe ser suficiente: Si eres una persona íntegra, tu "sí" y tu "no" tienen peso por sí mismos. Si sientes que tienes que explicarte demasiado, quizás es porque en el fondo sabes que tu palabra no vale lo suficiente y estás tratando de compensar con volumen lo que te falta en carácter.
La meta no es ser un tipo rudo o grosero, es ser una persona de una sola pieza. Menos palabras, más postura. Deja de fabricar castillos de naipes con tus excusas y empieza a sostenerse sobre la roca de tu propia determinación.