La Paradoja del "No me pasa nada": El pendejo que juega a la telepatía
Hace poco, en un café, escuché la frase que resume perfectamente nuestra estupidez emocional. Una mujer, con la cara encendida de rabia, le gritaba a su pareja: "¡Te estoy diciendo que no me pasa nada, que no me pasa nada... y tú ahí tranquilo, como si no me pasara nada!".
Parece un chiste de comedia barata, pero es la tragedia diaria de miles de relaciones. El error es creer que el amor o la cercanía le dan al otro superpoderes para leer nuestra mente. Somos tan contradictorios que usamos las palabras para negar nuestra realidad y luego nos ofendemos porque el otro nos creyó. Es el nivel máximo de la pendejada: ponerle una trampa al otro y enojarse porque cayó en ella.
La Trampa del Examen de "Interés"
¿Por qué decimos que no nos pasa nada cuando por dentro estamos gritando? Porque en el fondo somos pendejos hambrientos de validación extrema. Queremos que el otro "se dé cuenta". Queremos que nos ruegue, que nos insista, que analice nuestro tono de voz y el ángulo de nuestra ceja para que "demuestre" que le importamos.
Convertimos la relación en un juego de detectives. Pensamos: "Si me quiere, debería saber qué tengo sin que yo lo diga". No, eso no es amor; eso es manipulación infantil. Si el otro te pregunta qué tienes y tú dices que "nada", le estás quitando el derecho a ayudarte y te estás robando a ti mismo la oportunidad de ser escuchado.
El Costo de ser Contradictorio
El problema de ser contradictorio es que agotas al que tienes enfrente. Nadie puede vivir en paz caminando sobre cáscaras de huevo, tratando de descifrar si tu "sí" es un "sí" o si es una bomba de tiempo.
Cuando eres contradictorio:
Entrenas al otro para ignorarte: Con el tiempo, la gente dejará de preguntar. Se cansarán del drama y, cuando de verdad necesites algo, ya no habrá nadie escuchando.
Generas resentimiento inútil: Te enojas por una "falta de atención" que tú mismo provocaste con tu falta de honestidad.
Pierdes el respeto: Alguien que no es capaz de decir lo que siente de forma directa pierde autoridad. Te conviertes en una persona difícil, no en una persona profunda.
Yo fui el que aplicaba la "ley del hielo" esperando que el otro se disculpara por algo que ni siquiera sabía que había hecho. Hoy entiendo que la claridad es el acto de amor más grande.
Responsabilidad Radical: Si tienes algo, dilo. Si no lo dices, no tienes derecho a enojarte porque el otro no lo sepa. El otro no es tu terapeuta ni tiene una bola de cristal; es un ser humano tratando de entenderte a través de lo que tú comunicas.
Mata el Orgullo antes que la Relación: Decir "estoy enojado porque hiciste esto" requiere valor. Decir "no me pasa nada" y poner cara de mártir requiere cobardía. El ex-pendejo elige la verdad incómoda sobre el drama cómodo.
Si dices "nada", sostén el "nada": Si decides no hablar en ese momento, asume las consecuencias. No puedes castigar al otro por respetarte la palabra. Si dices que no pasa nada, deja que el otro esté tranquilo. Si quieres atención, pídela como un adulto.
La meta no es ser una persona perfecta que nunca se enoja, es ser una persona coherente. Deja de jugar a las adivinanzas y empieza a usar el lenguaje para lo que fue creado: para ser entendido. Porque nada aleja más a la gente que el cansancio de tener que adivinar qué versión de tu "nada" es la que toca hoy.