La Guerra de los "Debería": Por qué aceptar la realidad es tu único pasaporte a la paz

Mi mayor fuente de sufrimiento no fueron los problemas en sí, sino mi pendeja insistencia en que los problemas no deberían estar ahí. Pasé años desgastándome emocionalmente porque "mi jefe no debería ser así", "mi pareja debería entenderme a la primera", "el tráfico no debería estar tan pesado" o "mi pasado no debería haber sido tan difícil".

​Vivir bajo el régimen del "debería" es como intentar detener la lluvia a puñetazos: terminas cansado, empapado y sintiéndote impotente. El error es creer que tu frustración tiene el poder de cambiar los hechos. La realidad no es democrática; no le importa tu opinión, simplemente sucede.

​Aceptar no es Resignarse

​Aquí es donde muchos pendejos se confunden. Piensan que aceptar es quedarse de brazos cruzados y decir: "Bueno, ya ni modo". Eso es resignación, y la resignación es amarga.

​La aceptación es algo mucho más poderoso e inteligente. Aceptar es decir: "Ok, esto es lo que hay". Es dejar de gastar energía en negar el hecho y usar esa misma energía para decidir qué vas a hacer con él.

●     ​El resignado dice: "Tengo deudas, ya valió madre".

●     ​El ex-pendejo dice: "Tengo deudas. Esa es la realidad hoy. Ahora, ¿cuál es el plan para pagarlas?".

​La paz mental no llega cuando finalmente logras que todo el mundo se comporte como tú quieres; llega cuando tú dejas de exigirle al mundo que se ajuste a tus caprichos.

​El Alivio de Soltar el Control

​La clave para la paz mental es aceptar las cosas como son, no como quieres que sean. Cuando aceptas a las personas como son, dejas de intentar cambiarlas y, mágicamente, dejas de decepcionarte de ellas. Cuando aceptas que la vida tiene ciclos de caos, dejas de entrar en pánico cada vez que algo sale mal.

​Entender que la vida es un 10% lo que te pasa y un 90% cómo lo recibes te da un poder absoluto. El caos puede estar afuera, pero si tú aceptas que el caos es parte del paisaje, dejas de ser su víctima. La resistencia es lo que genera el dolor; la aceptación es el lubricante que permite que la vida fluya sin desgarrarte el alma.

​Yo fui el que se amargaba el día porque alguien no me saludó como yo esperaba. Hoy entiendo que la paz es un negocio interno.

  1. Elimina el "Debería" de tu vocabulario: Cambia el "Esto no debería estar pasando" por un "Esto está pasando, ¿qué sigue?". Ese pequeño cambio de palabras le quita el drama a la situación y te devuelve la capacidad de acción.

  2. Deja de juzgar la realidad como "Buena" o "Mala": Las cosas simplemente son. Un día lluvioso no es malo; solo es agua cayendo del cielo. Tu juicio es lo que lo vuelve "un mal día". Si aceptas el agua, puedes comprarte un paraguas o disfrutar el olor a tierra mojada.

  3. Haz las paces con la imperfección: Acepta que eres un humano imperfecto, viviendo en un mundo imperfecto, rodeado de gente imperfecta. Una vez que aceptas eso, la presión desaparece y la paz se instala.

​La meta no es que dejen de pasarte cosas "malas". La meta es que dejes de pelearte con la existencia cada vez que algo no sale como en tu película mental. La paz es el premio que recibes cuando dejas de querer ser el director del universo y aceptas tu papel como un actor que sabe improvisar.

Luis Mendez