La Prisión de los Extremos: Por qué el elogio es tan peligroso como el insulto
Durante años, mi estado de ánimo fue un títere de los demás. Si alguien me decía que era un genio, me sentía en la cima del mundo, caminaba más erguido y me creía invencible. Pero si al día siguiente alguien me criticaba o me insultaba, me hundía en la miseria, cuestionaba mi valor y pasaba noches sin dormir tratando de entender qué hice mal.
El error es creer que uno es bueno y el otro es malo. La realidad es que ambos son veneno para tu libertad. Como bien dice Bernardo Stamateas: "Mientras un insulto te altere o un elogio te eleve, sigues siendo esclavo del juicio ajeno". Si dejas que el mundo defina tu temperatura, nunca serás el dueño de tu propio termostato.
La Trampa de la "Correa Emocional"
Imagina que llevas una correa al cuello y le entregas el otro extremo a la multitud.
● Cuando te insultan, tiran de la correa hacia abajo y tú te arrodillas.
● Cuando te elogian, tiran de la correa hacia arriba y tú saltas de alegría.
En ambos casos, no te estás moviendo por tu cuenta. El pendejo cree que el elogio es un premio, pero en realidad es una técnica de domesticación. Si te acostumbras a necesitar el "muy bien" de los demás para sentirte valioso, les estás dando permiso para destruirte simplemente con su silencio o su desaprobación.
El Elogio es el Camuflaje del Control
Es fácil entender por qué el insulto es malo, pero ¿el elogio? El elogio es más peligroso porque entra sin resistencia. El elogio crea una imagen de ti que ahora te sientes obligado a mantener. Te vuelves un esclavo de las expectativas: "Como dijeron que soy muy generoso, ahora no puedo decir que no", "Como dijeron que soy el mejor empleado, ahora no puedo descansar".
El ex-pendejo sabe que la opinión de la gente es volátil. Los mismos que hoy te gritan "¡Hosanna!" son los que mañana gritarán "¡Crucifíquenlo!". Si construyes tu casa sobre sus palabras, la marea se la llevará tarde o temprano.
Yo fui el que mendigaba likes y se moría con un comentario negativo. Hoy entiendo que mi valor es una constante, no una variable.
Recibe, pero no te quedes con nada: Aprende a escuchar el elogio con cortesía y el insulto con indiferencia, pero no dejes que ninguno de los dos pase de la puerta de tu casa. Di "gracias por tu opinión" y sigue caminando.
Define tu propio éxito: Si tú sabes quién eres y hacia dónde vas, el ruido exterior se vuelve insignificante. El que tiene una brújula interna no necesita que la gente en la orilla le diga si va por buen camino.
Busca la Neutralidad: La verdadera madurez es la ecuanimidad. Estar en paz cuando te celebran y estar en paz cuando te atacan. Tu estabilidad mental no debería estar a la venta por un par de palabras bonitas o un par de gritos.
La meta no es ser un bloque de hielo sin sentimientos, es ser un roble. Que el viento sople a favor o en contra, pero que no te arranque de tus raíces. Deja de ser un esclavo de la audiencia y conviértete en el único juez de tu propia vida.