La Disculpa Pendiente: Perdón por haberte dejado en el último lugar
Fui el pendejo que buscó perdón en manos ajenas, sin darme cuenta de que el juicio más severo y la herida más profunda estaban ocurriendo dentro de mí.
Pasamos la vida pidiendo disculpas a otros, tratando de reparar vínculos externos, mientras en el sótano de nuestra alma, nuestro niño interior está lleno de cicatrices causadas por nuestra propia negligencia. Si hoy tuviera que pedirle perdón a alguien, de verdad y con el alma desnuda, sería a mi propio interior.
Le pediría perdón por todas esas veces que me traicioné a mí mismo por no tener la fuerza de marcharme cuando las señales eran gritos. Por quedarme a negociar mi dignidad y aceptar migajas de un amor que claramente no me correspondía.
Perdón por cada vez que ignoré esa vocecita intuitiva —ese nudo en el estómago— que me advertía del peligro, y preferí acallarla con excusas baratas. Perdón por haber expuesto mi vulnerabilidad a la crítica de extraños o, peor aún, a la indiferencia de alguien que nunca tuvo la capacidad de apreciar mi autenticidad.
Hoy me acerco ante mi propio espíritu para pedirle perdón por haberlo puesto en una jaula de complacencia mientras entregaba las llaves de mi corazón a manos que no sabían cuidar ni lo propio.
Perdón, interior mío, por haberte obligado a amar a personas que tú ya no querías amar, porque ya te habían roto por dentro. Perdón por esas veces que te pedí que soportaras lo insoportable en nombre de una "lealtad" que solo era miedo a la soledad. Perdón por no haberte escuchado cuando me gritabas, desde el agotamiento, que nos estábamos desgastando hasta desaparecer.
La lección del ex-pendejo que finalmente se mira al espejo es esta: La única traición que realmente te destruye es la que cometes contra ti mismo.
Hoy reconozco que mereces vivir libre. Que no estás aquí para ser el vertedero de las inseguridades de otros, ni el molde de las expectativas de nadie. He entendido que la única forma en que puedo vivir pleno, feliz y en verdadera abundancia es siendo auténtico.
Esa abundancia no viene de lo que otros me dan, sino de la coherencia de saber que mi mente, mi corazón y mi intuición caminan en la misma dirección.
¡Y Ahora te Toca a Ti!
Cierra los ojos un momento y habla con ese "tú" que lleva años aguantando tus malas decisiones. ¿Qué es lo primero por lo que tienes que pedirle perdón hoy? ¿Qué vas a hacer a partir de ahora para que esa voz interior se sienta segura contigo de nuevo?
No busques el perdón del mundo. Busca el tuyo. Esa es la única libertad que importa.