El Síndrome del Atlas: ¿Por qué sostienes a todos, pero nadie te sostiene a ti?

Mi pendejada más noble (y por lo tanto la más peligrosa) fue creer que mi valor dependía de cuántos incendios ajenos podía apagar. Me convertí en el pilar de mi familia, el consejero de mis amigos y el salvavidas de mis parejas. Estaba orgulloso de ser "el que siempre está".

​Pero un día te cansas. Te das cuenta de que tus manos están ocupadas cargando mundos ajenos y, cuando tú te tambaleas, miras alrededor y no hay nadie. No es que la gente sea mala (aunque algunos lo son), es que tú los acostumbraste a que tú no necesitas nada. Tú mismo te construiste una armadura tan gruesa que nadie se dio cuenta de que adentro había alguien muriéndose de hambre emocional.

​La Pregunta Incómoda: ¿Qué es lo que buscas realmente?

​Aquí es donde el ex-pendejo tiene que ser brutalmente honesto. Si siempre estás dándolo todo, incluso cuando te duele, detente y pregúntate: ¿Qué estoy comprando con mi sacrificio?

​Casi nunca es solo "amor al prójimo". Muchas veces buscamos:

●     ​Control: Si yo te sostengo, tú me necesitas. Y si me necesitas, no me puedes dejar.

●     ​Validación: Necesito que me digan que soy "bueno" para sentir que valgo algo.

●     ​Distracción: Es más fácil arreglar la vida de los demás que sentarme a ver el desmadre que es la mía.

​Dar hasta que te vacías no es generosidad, es un intercambio emocional mal negociado. Estás dando para que te quieran, para que no se vayan o para ser indispensable. Y cuando no recibes lo mismo de vuelta, te llenas de resentimiento.

​ El Exceso de Entrega es una Forma de Arrogancia

​Aunque suene fuerte, creer que tú eres el único que puede sostener a todos es una forma de arrogancia. Estás asumiendo que los demás son incapaces, que son débiles y que sin ti se desmoronan.

​Al salvar a todo el mundo, les robas la oportunidad de crecer, de enfrentar sus propias consecuencias y de fortalecer sus propios músculos. El mundo no necesita que lo cargues; el mundo necesita que tú estés bien para que puedas compartir desde la abundancia, no desde la carencia.

​Yo fui el que siempre decía "no te preocupes, yo lo soluciono". Hoy entiendo que ser un mártir no te hace un santo, te hace una víctima voluntaria.

  1. Suelta el Mundo: Empieza a soltar las cargas que no te corresponden. Observa qué pasa. Te sorprenderá ver que muchas de esas personas que "no podían sin ti" encuentran la forma de caminar solas cuando dejas de cargarlas.

  2. Aprende a Pedir: Si nadie te sostiene, quizás es porque nunca te has dejado sostener. Baja la guardia. Di: "Hoy no puedo", "Hoy me siento mal", "Necesito ayuda". Si al pedirla desaparecen, entonces no tenías un círculo, tenías una fila de clientes.

  3. Redefine tu Valor: Tú no vales por lo que haces por los demás. Vales por lo que eres. Si dejas de dar y la gente se va, el problema no eres tú, es que estabas rodeado de gente que solo amaba lo que podías hacer por ellos.

​La meta no es volverse egoísta, es volverse sostenible. Deja de ser el sostén de todos y empieza a ser tu propio aliado. El que da lo que no tiene, termina odiando a quien lo recibe.

Luis Mendez