El Costo de la Terquedad: Quien más Pierde es Quien no se Atreve a Cambiar
Fui el pendejo que se hundía con el barco solo por no admitir que el barco tenía agujeros.
Me decía a mí mismo: "Es que yo soy así", "Es que siempre lo he hecho de esta forma". Me aferraba a mis métodos, a mis reacciones y a mis hábitos como si fueran dogmas religiosos. No me daba cuenta de que ser "fiel a uno mismo" no significa ser fiel a tus errores, sino ser fiel a tu capacidad de evolucionar.
La verdad es corta y cruda: Quien más pierde en esta vida es aquel que se resiste al cambio.
La Evidencia que Ignoras
Seamos honestos por un momento. Mira tus resultados, mira tu paz mental, mira la calidad de tus relaciones actuales. Esta forma en la que llevas actuando tantos y tantos años... simplemente no te está funcionando. ¿No te das cuenta?
Si sigues reaccionando igual, seguirás obteniendo los mismos conflictos.
Si sigues gestionando tu tiempo igual, seguirás viviendo agotado.
Si sigues eligiendo el mismo tipo de personas, seguirás con el corazón roto.
Tu resistencia al cambio es, en realidad, un miedo profundo a admitir que te equivocaste. Pero aceptar que tu estrategia falló no te hace un fracasado, te hace alguien con la inteligencia suficiente para buscar una nueva ruta.
El Cambio no es una Amenaza, es una Puerta
Ya no te resistas más. Dejar de actuar como siempre lo has hecho no es traicionar tu identidad; es permitir que tu identidad finalmente crezca. El cambio te asusta porque te obliga a caminar por terreno desconocido, pero ese terreno desconocido es el único lugar donde no has fracasado todavía.
Acéptalo: el viejo "tú" ya dio todo lo que tenía que dar. Te trajo hasta aquí, y hay que agradecerle, pero no tiene las herramientas necesarias para llevarte a donde quieres estar mañana. Para recibir lo que nunca has tenido, tienes que empezar a hacer lo que nunca has hecho.
Si hoy te doy un consejo inteligente, es porque fui el pendejo que prefirió tener la razón en su miseria que estar equivocado y ser feliz.
Haz el inventario de daños: Pregúntate seriamente: "¿Qué me ha costado seguir siendo 'el mismo de siempre' en esta área de mi vida?".
Ríndete a la evidencia: Si el fruto es amargo, cambia la semilla. Así de simple. No esperes peras del olmo.
Abraza la incomodidad: El cambio se siente como un zapato nuevo; aprieta al principio, pero es el único que te permitirá caminar más lejos.
La vida es flujo. Lo que se estanca, se pudre. No dejes que tu orgullo sea el cementerio de tu potencial.
¡Y Ahora te Toca a Ti!
¿En qué área de tu vida llevas años haciendo lo mismo esperando un resultado distinto? ¿Qué parte de tu carácter estás defendiendo hoy a capa y espada, aunque te esté destruyendo la paz?
Deja de resistirte. Lo que no cambia, se rompe. Suelta lo que ya no funciona.