El Narcisismo de la Decepción: Nadie Tiene por qué ser Tu Fotocopia
Es un error creer que tú eres el "Molde Correcto" y yo fui el pendejo que vivía decepcionado por pensar así.
Me molestaba que mi pareja no ordenara la ropa "como se debe" (o sea, como yo), que mi amigo no respondiera los mensajes con mi misma urgencia, o que mi equipo de trabajo no tuviera mí misma intensidad. Vivía en un estado de juicio constante porque, en mi mente, yo era la medida de todas las cosas.
Creía que mi forma de ser era la "correcta" y que el resto del mundo estaba, de alguna manera, "fallado" o incompleto.
Esa es la raíz de la mayoría de tus amarguras:
Te decepcionas de las personas porque esperas que sean como tú.
La Trampa de la Expectativa
Cuando esperas que los demás actúen como tú, no estás buscando una relación, estás buscando un clon.
Queremos que el otro tenga nuestros mismos valores, nuestras mismas prioridades y hasta nuestra misma velocidad de reacción. Y cuando el otro —que tiene una historia distinta, un ADN distinto y traumas distintos— actúa según su propia naturaleza, nos sentimos traicionados.
Pero aquí está la dosis de realidad: Nadie es como tú. Y gracias a Dios por eso.
Tu decepción no nace de la falta del otro, nace de tu propia expectativa. Estás tratando de forzar una pieza cuadrada en un hueco redondo y luego culpas a la pieza por no encajar. El problema no es la pieza; es tu insistencia en que todo el mundo debería tener cuatro esquinas.
El Alivio de Soltar el Manual de Instrucciones
Vivir esperando que los demás sigan tu guion es una forma de esclavitud. Te conviertes en un juez cansado que siempre está dictando sentencias contra personas que ni siquiera saben que están en un juicio.
Cuando aceptas que nadie es como tú, sucede algo mágico: Dejas de sufrir.
Aceptas la Diferencia: Entiendes que la puntualidad de tu amigo no define su cariño por ti, solo define su relación con el reloj (que es distinta a la tuya).
Bajas el Nivel de Ruido: Al no esperar que el otro reaccione como tú lo harías, dejas de interpretar sus acciones como un ataque personal.
Te Enfocas en lo Real: Empiezas a apreciar lo que el otro sí ofrece, en lugar de castigarlo por lo que no es.
Si hoy te doy un consejo inteligente, es porque fui el tonto que se quedó solo en su "perfección" antes de entender que la riqueza de la vida está en la diferencia, no en la repetición.
Deja de buscarte en los demás.
Tus valores son para ti. Tu ritmo es para ti. Tu forma de amar es tuya. No impongas tu manual de usuario a personas que tienen su propio lenguaje. El amor y el respeto empiezan donde termina tu necesidad de que el otro se parezca a ti.